Medios internacionales legitiman Gobierno golpista de Temer y silencian protestas en Brasil

Hispan TV

Miles de personas siguen con sus protestas contra el nuevo Gobierno de Michel Temer, lo califican de ilegal. Miles de ciudadanos y ciudadanas de Río de Janeiro y Sao Paolo salieron a las calles este domingo para denunciar lo que denominan un golpe de Estado contra la mandataria Dilma Rousseff.

Los indignados también exigieron la renuncia del Temer quien asumió el poder como presidente interino de Brasil tras la temporal destitución de Rousseff.

Los manifestantes expresaron sus temores de que el nuevo gobierno haga perder los logros sociales obtenidos durante 12 años de Luiz Inácio Lula da Silva (expresidente brasileño) y Rousseff.

El analista internacional Bruno Dobrusin aborda el tema desde Buenos Aires, la capital de Argentina en una entrevista Con HispanTV.

Prensa brasileña hace caso omiso a las protestas contra Michel Temer

Telesur

Mientras en las principales ciudades de Brasil se viven jornadas de protestas contra el Gobierno provisional de Michel Temer, los medios de comunicación intentan ocultarlas y atienden otros temas.

En Belo Horizonte (sureste) miles de partidarios de la mandataria Dilma Rousseff se concentraron para rechazar el proceso de juicio político que la apartó temporalmente de su cargo sin pruebas en su contra.

A la marcha asistieron sindicatos, organizaciones estudiantiles y seguidores de diversos partidos políticos como la Unión Central de Trabajadores de Minas Gerais (CUT Brasil) y Brasil Frente Popular, para exigir la renuncia de Temer, por considerar ilegítima su llegada al poder.

En Brasilia, periodistas se reunieron a las afueras del diario Empresa Brasil de Comunicação (EBC) en defensa de la comunicación pública, luego de que Temer ejecutara el despido ilegal del exdirector general de este medio público, Ricardo Melo, y nombrara al periodista Laertes Rimoli.

No obstante, las portadas de los diarios locales se han enfocado en otros temas y dejan de lado las numerosas manifestaciones en contra de Temer y el rechazo a sus medidas.

Temer, obligado a reinstalar Ministerio de Cultura tras protestas

El presidente interino de Brasil, Michel Temer, se ha visto obligado a reinstalar el Ministerio de Cultura ante la ola de protestas que generó su decisión de borrar esta cartera.

El ministro de Educación, Mendonça Filho, escribió el sábado en su cuenta en la red social Twitter que esa medida gubernamental será formalizada la semana próxima e indicó “el pleno compromiso” de Temer con la cultura.

“Es un gesto del presidente Temer en el sentido de serenar los ánimos y enfocarse en un objetivo mayor: la cultura brasileña”, tuiteó para luego confirmar que el actual secretario de Estado de Cultura, Marcelo Calero, será el nuevo ministro en reemplazo de Juca Ferreira.

La eliminación de la cartera provocó varias protestas de los artistas brasileños, que tomaron varios edificios, incluso en un concierto de música, cuando la palabra “odio” se repetía en el estribillo, el público completaba gritando “¡Temer!”.

En las diversas movilizaciones, cuyo punto de partida se situó en la sede del Ministerio de Cultura, los manifestantes acusaron al nuevo Gobierno de Brasil de no responder a la población brasileña, ya que a su juicio, no incluye jóvenes, mujeres, afrodescendientes, ni indígenas.

A las protestas de los artistas se suman otras protagonizadas por el pueblo brasileño, que demanda el fin del mandato de Temer, quien por decisión del Congreso brasileño, sustituye por 180 días a la presidenta Dilma Rousseff, que estará separada del poder hasta el fin de su mandato legal, es decir 2018, en el caso de que sea declarada culpable.

Sin embargo, el pasado jueves, Rousseff aseguró que empleará “todos los instrumentos” legales para ejercer su mandato “hasta el fin” y negó todas las acusaciones en su contra.

Brasil y el moderno Plan Condor

Marco Consolo – Jubileo Sur

En los años ’70 y ’80, el Plan Cóndor fue la coordinación de las dictaduras cívico-militares de América Latina, con la supervisión de Washington y de la CIA, para eliminar los opositores políticos, a través del secuestro, la tortura y el homicidio de millares de dirigentes y militantes de las organizaciones populares.

Con la contraofensiva estadounidense en su “patio trasero”, al comienzo del siglo XXI asistimos a una reedición “moderna” del Plan Cóndor, a través de la nueva modalidad de los golpes institucionales. Después de las intentonas golpistas en Venezuela (2002), Bolivia (2008), Honduras (2009), Ecuador (2010), Paraguay (2012), hoy es el turno del gigante Brasil, uno de los bocados más preciados del último ataque.

Con el pretexto de la lucha a la corrupción, el pasado 12 de mayo, en Brasil se estrenó la farsa grotesca del juicio político en contra de la Presidenta de la República Dilma Roussef, bajo acusación por haber cambiado de destino algunos montos del Presupuesto Federal. Una farsa jurídica, con el objetivo de criminalizar decisiones administrativas y no de golpear un crimen de corrupción. La oposición no ha sido capaz de presentar ninguna prueba, ni en la Cámara de Diputados, ni en el Senado; pero, esto no fue suficiente para parar el juicio.

Faltando las pruebas del crimen, somos testigos de un verdadero golpe de Estado parlamentario, realizado gracias a decenas de parlamentarios corruptos, en contra de la voluntad de más de 54 millones de brasileños que eligieron Dilma. De esta manera, a pesar de la derrota sufrida en las urnas, la Derecha vuelve al gobierno con un golpe.

Los protagonistas del golpe

Junto a los principales medios de comunicación, y a los parlamentarios militares y evangélicos, a la cabeza del golpe institucional, están las fuerzas políticas que han traicionado al Gobierno (Partido del Movimiento Democrático Brasileiro-PMDB), junto a las derrotadas en las últimas elecciones (Partido de la Social Democracia Brasilera-PSDB).

Las mismas que dieron vida a un pastichado gobierno interino, integrado por personajes totalmente desacreditados. La principal figura visible es la del traidor y golpista Michel Temer (PMDB), ex-vicepresidente de Dilma y marioneta de Washington. El pequeño detalle es que sobre la cabeza de Temer hoy está pendiente el mismo juicio político, por ser vicepresidente de Dilma e igualmente responsable de los actos del Gobierno. Junto a Temer, el desacreditado Eduardo Cunha, ex-presidente de la Cámara de Diputados, investigado por corrupción, junto a siete nuevos ministros del gobierno interino.

En pocas horas, la Derecha canceló los ministerios de Cultura, del Trabajo, del Desarrollo Agrario (que se ocupaba de agricultura familiar), e incorporó los ministerios y secretarias de la Mujer, de la Igualdad Racial, de los Derechos Humanos al interior del Ministerio de Justicia. Este último está bajo la responsabilidad de Alexandre de Moraes (tristemente famoso por la represión homicida en el Estado de Sao Paulo), que ha comparado las manifestaciones de masas que se han tomado la calle con las acciones de la guerrilla, sosteniendo que tienen que ser tratadas como tales.

El nuevo-ministro de agricultura es el boss de la soja, Blairo Maggi, un oligarca de origen italiano investigado por corrupción, mientras que el de Economía es Heinrique Meirelles, ya presidente del Banco de Boston y del Banco Central con Lula. Los ministerios de Educación y de Salud, en cambio, están bajo el ataque oscurantista del fundamentalismo evangélico y neopentecostal.

El Ministro de Hacienda ya ha anunciado las contrarreformas de las pensiones y del trabajo, en plena sintonía con la patronal que juega sus cartas para recuperar los márgenes de ganancias (erosionados por la redistribución de los gobiernos de Lula y Dilma) y hacer pagar la crisis a los trabajadores.

Por si no bastara, el gobierno Temer anuncia cortes al gasto público y a los planes sociales, aumento de los impuestos, paralización de las obras de infraestructura, desreglamentación de las relaciones laborales, privatizaciones, etc.

Sobre la política internacional, que quedó en manos de Jose Serra (nuevo ministro, pero zorro viejo), es fácil hacer previsiones: reacercamiento a Washington, enfriamiento de las relaciones de integración en América del Sur y distanciamiento de las estructuras de esa integración (UNASUR, CELAC, etc.), debilitamiento de la alianza de los BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Suráfrica), que, a partir de hoy, cojea.

Desde la dictadura cívico-militar (1964-1985), no se veía un gobierno con la ausencia total de mujeres y afrodescendientes y con un programa tan rigurosamente neoliberal.

Las reacciones del continente

Entre las múltiples reacciones de los gobiernos progresistas de la Región, se destaca la valiente de El Salvador, que ha declarado no reconocer al gobierno golpista y ha llamado a consultas a su embajadora en Brasilia, en compañía de Venezuela. En general, el resto de los países se ha posicionado en contra del asalto a la democracia. El secretario general de UNASUR ha dicho que la situación “pone en riesgo la estabilidad democrática de la Región”; el de la OEA que genera“inseguridad jurídica”; los países del ALBA (Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, etc.) han hablado de un “golpe”; mientras Chile y Uruguay han manifestado su “preocupación”.

En la vereda del frente, el gobierno de Macri, en Argentina, ha sido el primero en reconocer el golpe y pedir que se respecte el “proceso institucional”. Macri, que aspira a un papel protagónico en la nueva derecha continental, está en plena sintonía con la administración Obama, que ha declarado “tener confianza en las instituciones brasileras”.

Es así que, bajo la dirección de la administración Obama y de su doctrina del “smart power”, la derecha latinoamericana trata de reconquistar los gobiernos a través del contagio del ‘virus golpista’. Entre los objetivos de Washington está el de romper los procesos de integración continental no subordinada (ALBA, CELAC, UNASUR) y, al mismo tiempo, debilitar al bloque de los BRICS.

Algunas razones de la ruptura

En realidad, en el gigante brasileño la Derecha no está de vuelta, simplemente porque nunca se había ido. Sólo se había reacomodado y tolerado los gobiernos de Lula y Dilma, gracias al aumento del consumo interno, que ha garantizado sus tasas de ganancia y a una coyuntura internacional favorable que ha recolocado en el tablero mundial al ‘Brasil Potencia’, tan querido por el pasado régimen cívico-militar.

Pero, la frágil tregua, dictada in primis por la patronal de Sao Paulo (FIESP), se interrumpió con la ruptura del pacto tácito con el gobierno. Diversos son los motivos.

La crisis global iniciada en 2008, también gracias a las políticas anticíclicas del Gobierno, no había tenido un fuerte impacto al comienzo del segundo mandato de Lula.
Pero, desde 2012 (un año después del arranque del primer gobierno Dilma) los efectos sobre la economía nacional se empezaron a sentir y las presiones sobre el Gobierno aumentaron de manera exponencial. Se exigían recortes al gasto público, aumento de los impuestos, mantenimiento del superávit fiscal, aumento de la tasa de interés, prioridad a los bancos y al capital financiero, privatizaciones, etc.

Las medidas neoliberales del ex- ministro de Hacienda, Joaquim Levy, han tenido un efecto negativo en los sectores populares que habían votado a favor de Dilma. Y los nuevos sectores medios también han sufrido el aumento de la inflación con la pérdida de poder adquisitivo del salario real, a pesar de su reajuste cíclico. La alianza de gobierno, liderada por el PT (Partido de los Trabajadores), no ha podido modificar la estructura de la sociedad; los partidos y los movimientos no han logrado formar conciencia suficiente; y (según la autocrítica del mismo PT) el Gobierno se ha paralizado frente a las sirenas neoliberales. Y desde el 2014 ha habido un recorte de los planes sociales, pilar de la propuesta de inclusión social de los gobiernos liderados por el PT. Aunque Dilma había tomado el compromiso de proteger tres de los más importantes programas (Mi casa, mi vida”, Bolsa Familia y la financiación a la Educación a través del “FIES“), esto no ha sido suficiente para recuperar la confianza perdida. Y, como se sabe, en su segunda elección Dilma ganó por un margen estrecho.

La artillería mediática, con el Grupo Globo a la cabeza, ha bombardeado de manera eficaz y ha sabido poner muchos palos en las ruedas de la alianza de gobierno. Los casos de ineficiencia y corrupción (enfermedad endémica en el País) han sido imputados al Gobierno y al PT, olvidando o poniendo en segundo plano la participación de la oposición, y echando gasolina al fuego de la crítica a Dilma. Los grandes medios han consolidado la alianza con el sector del agrobusiness, con parte del poder judicial y con los partidos de la oposición: en particular con Aécio Neves (líder del PSDB, senador y excandidato derrotado a la Presidencia), y con Eduardo Cunha (PMDB). Los medios han tenido un papel clave en la creciente polarización de la sociedad y pesa como una montaña la falta de reformas del sector de los medios de comunicación.

De parte del PT, de la Izquierda en general y, también, de algunos movimientos, ha habido una subestimación de la oposición, de su capacidad de reacción. En las últimas elecciones, alrededor de 51 millones de brasileños no han votado por Dilma, pero sólo hace poco se ha abierto una reflexión en el campo progresista. Y sólo en las últimas semanas ha habido una verdadera movilización de los partidos de izquierda (en primer lugar el PT y el Partido Comunista do Brasil-PcdoB, en el Gobierno con Dilma), de las centrales sindicales, de los movimientos sociales y de otras fuerzas progresistas que han llenado las calles y que no reconocen el nuevo gobierno. No es un misterio que el golpe institucional ha gozado, también, de apoyos importantes en la población y habrá que interrogarse a fondo sobre las razones.

Faltando pocos meses para los Juegos Olímpicos, el caótico escenario político y económico de Brasil representa una verdadera incógnita, también para los “mercados” que han apostado al cambio de gobierno. La única certeza es que no será caracterizado por la paz social, sino por una grande turbulencia.

Fuente: Il blog di Marco Consolo

Dilma Rousseff agradece apoyo expresado por Maradona

Telesur

La mandataria brasileña Dilma Rousseff emitió este sábado un mensaje por su cuenta en Twitter en la que agradece al futbolista argentino Diego Armando Maradona el respaldo.

Por medio de su cuenta en Twitter y en tres idiomas, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, agradeció este domingo al futbolista argentino Diego Armando Maradona el respaldo que expresó hacia ella y hacia el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva.

“Muchas gracias por tu apoyo y cariño”, manifestó la mandataria en respuesta a una publicación que hizo el argentino en su cuenta de Facebook en la que asegura ser “un soldado de Lula y Dilma”.

Maradona, obrigada pelo apoio e carinho. Muchas gracias por tu apoyo y cariño. Thanks for support and tenderness. pic.twitter.com/qPBKmAxfJM — Dilma Rousseff (@dilmabr) 21 de mayo de 2016.

Tras ser apartada de su cargo temporalmente, Rousseff ha recibido numerosas muestras de solidaridad, como la que realizaron en el Festival de Cannes, en Francia, por el director Kleber Mendonça Filho y la actriz Sônia Braga, quienes exhibieron carteles en los que se leía: “Resistiremos”, “Un golpe ocurrió en Brasil” y “Brasil no es más una democracia”.

En el estadio Maracaná, en Río de Janerio, los fanáticos del fútbol gritaron el nombre de Dilma para expresar su apoyo y solidaridad a la mandataria brasileña frente al golpe parlamentario.

En contexto

El Senado de Brasil aprobó el proceso de impeachment contra Dilma Rousseff el pasado 12 de mayo con 55 votos a favor, 22 en contra y 1 abstención (de 78 de los 81 miembros del cuerpo colegiado).

En este período las autoridades brasileñas se encargarán de encontrar las pruebas contra la mandataria que no fueron presentadas ni en la Cámara baja ni en el Senado.

La acusación central de la oposición contra Rousseff para justificar un juicio político es la supuesta violación de normas fiscales al maquillar el déficit presupuestario de 2015. Sin embargo, no se han presentado pruebas en su contra.

Analistas políticos aseguran que Temer, con solo siete días en el poder, vive un momento de inestabilidad en su Gobierno provisional por su afán de entregar el país al Fondo Monetario Internacional (FMI), banqueros y empresarios.

Se multiplican avisos sobre retroceso en política exterior

El excanciller Celso Amorim deploró la postura del actual canciller Jose Serra al repudiar críticas de gobiernos de países amigos sobre el proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff

Granma

BRASILIA.—Las advertencias so­bre el retroceso que amenaza a la política exterior brasileña bajo la tutela de José Serra se multiplicaron luego de un artículo del excanciller Celso Amorim, publicado en el diario Folha de Sao Paulo.

Amorim deploró la postura de Serra al repudiar críticas de gobiernos de países amigos sobre el proceso de impeachment contra la presidenta Dilma Rousseff, considerado por estos un golpe, y apuntó que “una mezcla de arrogancia y soberbia” puede leerse entre líneas, como si Brasil fuera diferente o mejor que sus hermanos latinoamericanos.

Lo que más preocupa, subrayó, es el afán manifiesto de diferenciarse de gobiernos anteriores, a los que el se­na­dor acusó de interferencia partidaria en la gestión de la cartera, como si en el espectro político solo existiera la izquierda.

En ese sentido, la revista Carta Ca­pital recordó en un comentario publicado esta misma semana que el nuevo ministro de Relaciones Ex­teriores del gobierno provisional de Michel Temer es el primero en mu­cho tiempo que llega a ocupar al cargo teniendo filiación partidaria.

Serra, precisó, milita en el Par­tido de la Social Democracia Bra­si­leña (PSDB), por el cual fue electo senador en el 2014.

Significó además que, a diferencia de Serra, Amorim es diplomático de carrera, como lo eran también los tres cancilleres de Dilma: An­to­nio Pa­trio­ta, Luiz Fernando Fi­guei­redo y Mau­ro Vieira, todos sin ser miembros de ninguna agrupación política.

La publicación señaló asimismo que el tema “partido” no es la única con­tradicción entre la retórica y la prác­tica serristas, pues a juzgar por su conocida ambición de disputar la Presidencia en las elecciones del 2018 este tiende a caer en la tentación de manejar el cargo con fines políticos.

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