El Salvador: Doble rasero

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Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí

Estados Unidos intensifica su política de minar la cada vez mayor solidez y prestigio del gobierno de Sánchez Cerén.
El alto valor otorgado a la Revolución Cubana, su indiscutible realce a la figura de Fidel, le sigue valiendo al presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, ataques, complots y extensa propaganda en su contra de los elementos reaccionarios que el imperialismo norteamericano mantiene en esa nación.
En este contexto, el mandatario indicó que juega un importante papel negativo la pretensión de la embajadora estadounidense en San Salvador, Jean Manes, de inmiscuirse en el panorama electoral del pequeño país, y el ahijamiento de “líderes” juveniles para enfocarlos contra la política oficial, interna y externa.

Manes nombró recientemente director de un consejo juvenil supuestamente plural a Erick Ortiz, influyente dirigente del ultraderechista partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), para elegir, en teoría, a jóvenes con capacidad de liderazgo.


‘Una embajada no puede hacer trabajo político. Consideramos que es una actitud de intromisión, de injerencia, no debemos políticamente aceptar este tipo de injerencia”, señaló a su vez el secretario general del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), Medardo González.

«Si aceptamos esto, entonces a partir de ahora cualquier embajada puede formar sus propios organismos para hacer política. Es como que nosotros vayamos allá a Estados Unidos o a cualquier otro país y empecemos a crear organismos para hacer proselitismo», acotó.

Coincidentemente, Manes había sido nombrada en el 2015 por el entonces presidente Barack Obama para ocupar el alto cargo diplomático en la capital salvadoreña y, también coincidentemente, está practicando esta política de “línea suave” para subvertir el orden, tal como la anterior administración consideró utilizar en otras naciones.

También hay que apuntar que El Salvador ha atravesado un proceso enormemente difícil para salir airoso luego de una descomunal y genocida guerra civil.

Los antecesores de Manes siempre han sido presentados como individuos de perfil bajo, pero es toda una máscara que esconde a personas sin escrúpulos, con apoyo total a anteriores dictaduras, en las  que el hoy opositor Arena jugó un papel primordial.

Volviendo a Manes, se dice hipócritamente que ha elevado el perfil diplomático, llamando a la clara coordinación de esfuerzos y de trabajo entre la embajada de Estados Unidos y el partido Arena.

Varias veces cuestionada por su abierta intromisión en asuntos internos, negó que la elección del cuestionado consejo juvenil tuviera fines políticos, pero entre sus 17 integrantes ninguno milita en el FMLN o tiene simpatías por la izquierda.

“Le debemos a las futuras generaciones escuchar sus preocupaciones y tomar en consideración sus ideas”, manifestó la “humanitaria” Manes, aunque su consejo desecha el criterio de los integrantes de organizaciones gubernamentales, como el Instituto Nacional de la Juventud.

Lo cierto es que la diplomática ha hecho llamamientos a la esperanza, la inconformidad y propiciar un cambio social. “Los invito a tomar la decisión de ser parte de un cambio. Vamos a elevar las voces del optimismo, las de aquellos que están marcando una diferencia favorable”, indicó en un reciente mensaje, refiriéndose a las instituciones privadas y empresariales.

De ahí que múltiples organizaciones gremiales protestaran ante la sede diplomática de Washington por el doble rasero de Manes, quien aboga públicamente por el diálogo entre el FMLN y Arena, pero sus acciones favorecen al partido oligárquico y minimizan los éxitos del gobierno.

La continuada actitud hostil contra el gobierno salvadoreño se ha redoblado desde que Sánchez Cerén asumió la presidencia de la Celac, con la tarea de coadyuvar a la unidad del organismo frente a las nocivas corrientes neoliberales  de los últimos tiempos, impuestas por gobiernos de derecha en importantes naciones del cono sur.

No obstante, el mandatario está llevando una tarea aún más difícil, con un programa para disminuir la delincuencia y quitar a El Salvador como uno de los países más violentos del mundo.

En este contexto, el mandatario ya había gestionado con otros factores de la sociedad –entre ellos medios privados- la promoción de un plan que contempla 124 acciones y una inversión de 2 000 millones de dólares en cinco años. Cada una de esas acciones contiene una descripción de sus costos, metas y objetivos, explicó el coordinador del Plan de Naciones Unidas para el Desarrollo, Robert Valent, quien formó parte del equipo técnico que elaboró el documento.

Y el plan ha ido teniendo efecto en sus dos primeros años, no obstante las tergiversaciones de la derecha, principalmente del opositor partido Arena, connotado en el pasado por sus crímenes de todo tipo, como el de monseñor Carlos Arnulfo Romero y varias religiosas.

Cuando Sánchez Cerén asumió la presidencia salvadoreña el país tenía un panorama desastroso, con un gran abandono de la juventud, que durante años fue emigrando a otras naciones, principalmente Estados Unidos, donde se crearon las pandillas conocidas como maras, en la ciudad californiana de San Francisco.

Solo en El Salvador, hay unos 50 000 integrantes de estas pandillas juveniles, 10 000 en las cárceles, y responsables del 49% de las muertes violentas.

El anterior gobierno progresista de Mauricio Funes logró que algunas de esas pandillas renunciaran a la violencia entre ellas, al tiempo que fue aislando a los presos más violentos en las cárceles, con el fin de evitar lo que estamos ahora presenciando en diversos presidios de Brasil.

Por supuesto, este es un problema que no se puede resolver de la noche a la mañana y mientras persista un sistema en el que aún predomina la inequidad, la desigualdad, los prejuicios y la violencia familiar.

En este panorama, es necesario eliminar cualquier intento de subvertir la necesaria unidad de acción, tal como pretende la Embajadora de Estados Unidos con su política de “educar” a líderes juveniles.

A ella le importa un bledo que muchos jóvenes hayan intentado llegar a Estados Unidos, donde no hay panacea alguna, pero sí injerir en la política de un gobierno que se preocupa porque exista una gran masa de adolescentes sin oportunidades laborales, sin educación, quienes se sienten excluidos donde nacen. A todo ello han contribuido anteriores regímenes derechistas apoyados por Washington, tal como lo hizo Arena, ahijado de Manes, en un pasado aún reciente.

 

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