Perú: ¡Simplemente una desvergüenza!

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Por Gustavo Espinoza M (*)

Tomado de PensandoAmericas

El pasado domingo 30 de julio  tuvo lugar en Venezuela la elección de una Asamblea Constituyente, convocada por el Presidente Nicolás Maduro, de acuerdo con el artículo 348 de  la Carta Magna actualmente en vigencia.

Probablemente nunca antes el pueblo de Venezuela se vio ante la necesidad  de acudir a las urnas en el marco de tantos apremios: una desenfrenada ola terrorista conmueve al país desde abril pasado; y ha dejado  ya una dolorosa estela de muerte y destrucción.

Los enemigos de la liberación venezolana, dentro y fuera de ese  territorio, achacan esas muertes, al gobierno;  ignorando deliberadamente el papel asesino de turbas armadas que colocan explosivos, consuman atentados,  incendian hospitales y atacan desde escuelas hasta cuarteles; en el empeño por dar al traste con un  proceso que sólo afecta los intereses del Gran Capital y la Oligarquía nativa.

Nunca antes tampoco, los venezolanos han sufrido la tan inmensa, e innoble, campaña exterior, desatada por los grandes medios de comunicación al servicio de los monopolios y el Imperio.  La desinformación y la mentira, se han diseminado por el mundo en alas de la prensa escrita, radial y televisada, financiada por los grandes capitales.

Pese a todo ello, y a pesar también que las acciones terroristas no cesaron el pasado domingo y costaron la vida a varias personas, más del 90% de las mesas electorales y centros de sufragio,  funcionaron en todo el territorio venezolano.

Con el  sistema de voto voluntario –y no obligatorio, que regula por ejemplo el sufragio en Perú- casi el 42%  de los ciudadanos en edad de votar, concurrieron a las ánforas, y optaron por sus preferencias electorales. Ocho millones 800 mil ciudadanos siguieron las pautas del proceso bolivariano y aceptaron la Constituyente como una real alternativa de paz

Es bueno recordar que en  Perú, por ejemplo, pese a la obligatoriedad del sufragio, el 55%  del electorado voto en blanco, vició su voto, o simplemente se abstuvo de concurrir a las urnas.  En los recientes comicios celebrados en  Francia, apenas el 35% del electorado concurrió al sufragio.  Los más de ocho millones de votantes venezolanos, superaron, en cambio, el número de electores que sufragó en los  comicios legislativos anteriores, aquellos que  extendieron la partida de nacimiento al actual Parlamento Venezolano, en el que pulula la reacción.

Aunque el pasado domingo -tarde y noche- la CNN se vio forzada a admitir que hubo una masiva concurrencia ciudadana a los centros de votación; el monocorde mensaje de la prensa nacional en las últimas horas, asegura que los votantes acudieron a los centros de votación “obligados por el gobierno”, y que la concurrencia se explica por “el miedo”.

Con verdadero descaro, los medios insertan la foto del atentado consumado contra patrullas  motorizadas de  la Guardia Nacional Bolivariana, que dejara el saldo de 7 custodios seriamente heridos; pero atribuyen  el hecho no a sus ejecutores, sino “al clima de violencia que impera en el país por el rechazo popular al régimen de Maduro”.

De este modo, se niegan a reconocer el carácter terrorista de la acción ocurrida en la zona de Altamira, ocultan  el hecho que sus autores fueron los integrantes de los grupos sediciosos que se alzan contra el proceso bolivariano, y que las víctimas fueron nuevamente los defensores del Mensaje del Libertador. Con desparpajo inaudito, suman voces acusando al gobierno de Maduro de “llenar de sangre” las calles de Caracas

La  desvergüenza, sin embargo, no vino sólo por vía de la “prensa grande”. La Cancillería peruana hizo lo suyo, y  apechugó pundonorosamente en favor de la reacción.

El anuncio de Torre Tagle conocido  no tiene sentido alguno. Es, por cierto, un paso en falso;  e implica  la negación  del sustento de una política internacional universalmente admitida. En términos reales, constituye la negación de la Doctrina Porras, sustentada en el respeto a los principios de  Auto-determinación  de los Pueblos, y la No Injerencia en los asuntos internos de los Estados.

Esta Doctrina, sustentada por quien fuera reconocido en el concierto mundial  como “El Canciller de la Dignidad”; fue parte esencial de la posición peruana en los últimos cincuenta años y es piedra angular de las relaciones entre Estados y Pueblos.

No es al Perú –ni a su gobierno- al que compete reconocer la Constituyente Venezolana. Es esa una acción circunscrita al pueblo venezolano. Sólo él puede decidir el manejo de lo que constituye verdaderamente su política interna..

Pongamos las cosas  en otro esquema: Si Ollanta Humala, que juró el 2011 por la Constitución del 79 y no la del 92 –la Constitución Fujimorista-, hubiera optado por convocar ese mismo año una Constituyente para cambiar la  Carta Magna proveniente  de la dictadura ¿no habría sido eso un  acto de política interna que competiría exclusivamente a los peruanos? ¿o es que la Mafia Fujimorista se hubiera atrevido a poner el grito en  el cielo para “defender” su espuria Carta y hubiera pretendido hacer un  escándalo internacional por esa causa?.

Tampoco, por cierto, a  Perú le competa “convocar” a  cancilleres de otros países para tratar temas internos de un tercer país.  En  todo caso, esa podría ser la función de la OEA que es un  organismo supra nacional, aunque no represente realmente a los pueblos de América.

Lo que ocurre es que “la Carta de la OEA” ya falló. Luis Almagro, fue simplemente un fiasco, y no pudo lograr que los países integrantes de ese Foro se sumen mayoritariamente a su política de guerra contra Venezuela. Y eso, el Imperio lo sabe Por eso prefiere valerse de un gobierno, y usa al actual presidente peruano como taparrabo.

La Casa Blanca pretende “coordinar” una acción regional contra la Venezuela Bolivariana, y alentar una agresión armada “multinacional”  contra ese país. Ya hoy conocidos gonfaloneros de la política yanqui –aquí y en otras partes- insisten en sostener que “lo único que queda” es una “intervención  armada contra el régimen de Maduro”. Y manos les  han de  faltar para aplaudir, si ella ocurriera.

La ya pregonada reunión del 8 de agosto en Lima, será sin duda un cónclave guerrerista contra el pueblo de Venezuela. Y no contará, en absoluto, con el apoyo del país, ni de la población. Los enemigos de Venezuela batirán palmas, sin  duda, porque para ellos  la guerra constituye un negocio militar, económico y político; pero  el pueblo peruano sabe que nada habrá de sacar de un enfrentamiento  entre pueblos hermanos. Por lo demás, los vínculos que unen a los peruanos con  la Patria de Bolívar, son  mucho más fuertes y grandes que el odio que el Imperio siente por la justicia  por la paz.

(*) Periodista, historiador y colaborador de Pensando Américas

 

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