Bajo el signo telúrico de las grandes tormentas. Por Alejo Carpentier

La pupila insomne

“Puede desarrollarse un ciclón al Este de la Florida”… leíase ayer en nuestro periódico. Y muchos, al tropezar con la palabra “ciclón”, no acertarían a figurarse hasta qué punto pueda parecer extraño, a un europeo, eso de oír hablar de ciclones. Cuando Goethe, en una carta famosa, hablaba de la amable naturaleza, “por siempre domada y sosegada” del Viejo Continente, su mente había dejado atrás las eras de los ciclones, y también las de las grandes inundaciones y grandes furias del cielo. Cuando el Sena crece exageradamente, lo más que pueda ocurrir, en París, es que se inunden dos calles y una plaza aledaña. La peor de las trombas -todavía quedan algunas, allá- no pasa de echar abajo tres o cuatro chimeneas de fábricas… Y es que donde la tala ha clareado las tierras durante siglos, transformando las selvas primitivas en campos de labranza, los ríos se amansan y hasta…

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