La necesidad de vivir sin tener precio

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La “guerra de los precios” nos pretende llevar al dominio de nuestras vidas. Vivimos en un mundo donde ya no solo los más elementales objetos materiales alteran sus valías, sino que también se intenta ponerle un costo elevado a la dignidad, a la independencia y a la soberanía, lo que en mi opinión significa ponerle precio a nuestras vidas.

El gigante del “norte revuelto y brutal”, como calificara nuestro Héroe Nacional José Martí al gobierno de los Estados Unidos, emprende una desenfrenada y alocada carrera contra la vida de la humanidad. El imperio no esconde su afán por intentar esclavizar a una parte de la humanidad bajo una política errada de chantajes y presiones político-económicas, que la propia historia una vez más, demostrará no solo su irracionalidad, sino que se revertirá en su contra.

Lo absurdo intenta dejar caer su sombra oscura sobre nuestros países y los “halcones de la guerra”, bajo el paragua de ese 1% más rico del mundo, le demanda a los países pobres total servilismo bajo la amenaza retomada una vez más “de estás conmigo o en mi contra”. Hoy con una pequeña variante adicional del Sr. Presidente Donald Trump: “te sumas a mis designios o te suspendo mi ayuda económica”; la que muchas veces es tan irrisoria como las pretensiones de ese gobierno norteño.

Su mal llamada “democracia representativa” solo aplica a aquellos que se sumen a su detestable política. El presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, acaba de ganar unas elecciones que supera por mucho a la de Estados Unidos y a la de otros de sus “confiables amigos de la región”. Sin embargo, ordenan contra ese país la ruptura de relaciones, bloqueos económicos y cuantas ilegales presiones se les ocurre para ahogar en penurias al pueblo venezolano, y reconquistar las riquezas económicas que una vez y para siempre, ese bravo pueblo decidió que no estarían al servicio de las minorías explotadoras nacionales e internacionales.

Como si no sobraran los ejemplos para exponer con hechos ese viejo dicho de que “Roma paga a sus traidores, pero los detesta”, la maquinaria anti diplomática norteamericana en la región, continúa sus gestiones de “presiones-chantajes” para extender su deslucido show en la organización más desprestigiada de la región: la OEA, contra la hermana República Bolivariana de Venezuela.

No aceptaron de acuerdo a sus “democráticos estatutos”, la solicitud de salida digna y soberana de Venezuela, obligándola a permanecer dos años en contra de su voluntad. Ahora pretenden a golpe de tambores de guerra, lograr su expulsión.

Señalaba el líbelo de la mafia de Miami en el día de hoy, que “el vicepresidente Mike Pence anunciará el fuerte mensaje en una recepción con aliados donde prometerá que va a tomar nota de los países que no se unan a Estados Unidos en una votación el martes para expulsar a Venezuela de la organización regional”. Que suerte tan digna la de nuestro país, de no estar bajo los designios de esa nefasta organización.

Una vez más, el gobierno de los Estados Unidos ejerce su política de chantaje contra los países del hemisferio y los obliga a una alianza que está muy alejada de los más elementales procederes del derecho internacional, del respeto a la soberanía e independencia de nuestros pueblos y a “respetar plenamente el derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones”; como en bloque compacto firmaron las Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), los días 28 y 29 de enero de 2014 en la II Cumbre, en nombre de sus pueblos e interpretando fielmente sus anhelos y aspiraciones.

Estados Unidos deberá entender de una buena vez, que su irracional proceder no traerá más que desestabilización a una región que ama y reclama su “Proclama de Paz”; pero también debe estar al corriente que somos muchos los que nos empeñamos en la “necesidad de vivir sin tener precio”, aunque en esto nos vaya la vida.

 

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