Piñera dijo lo que Trump quería oír

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El presidente chileno se apareció en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (AGNU) con un discurso difamando a Venezuela, irrespetando a Cuba, ofendiendo a Nicaragua y con señalamientos contra Bolivia.

Un día antes se apareció en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (AGNU) con un discurso difamando a Venezuela, irrespetando a Cuba, ofendiendo a Nicaragua y con señalamientos contra Bolivia. Tal y como lo quería oír el mandatario norteamericano, Donald Trump, que un día después lo recibió en la Casa Blanca.

Se trata del presidente de Chile, Sebastián Piñera, quien obsequió a su homólogo de Estados Unidos una bandera del país norteño donde aparece el blasón chileno enquistado en su centro. Es que Chile está dentro del corazón estadounidense, aclaró en busca de un gesto aprobatorio de Trump.

El día que compareció ante la ONU habló de «falta de libertades» en Cuba y Nicaragua, y hasta de derechos humanos. Y su discurso, claro está, no fue algo más que la imagen y semejanza del de Donald Trump.


Parece que el mandatario chileno desconoce que allí, en el amplio salón de Naciones Unidas, estaban reunidos representantes de pueblos donde no se reprimen a los estudiantes, como hacen los carabineros en las calles de Santiago.

También olvida que en aquel recinto se recuerda todavía que Chile tuvo como presidente a un Augusto Pinochet, autor del golpe militar contra el gobierno democrático de Salvador Allende, y de la muerte y desaparición de miles de ciudadanos.

Que hasta allí han llegado los reclamos de los indios mapuches, quienes, según datos de la Unicef, un 68 % de los jóvenes y niños de esa comunidad son discriminados.

O que en la ONU se trata de respetar la justicia cuando es verdadera y se aplica con toda su fuerza contra asesinos, golpistas, violadores de derechos humanos y genocidas, como es el caso de Pinochet y otros involucrados dentro de las fuerzas armadas y los carabineros de Chile, y tanto uno como los otros nunca fueron juzgados como merecían, o al menos, como exigía el propio pueblo que todavía busca a sus hijos desaparecidos.

¿De qué estaba hablando Sebastián Piñera cuando se refería a Cuba y la acusaba de no ser un sistema democrático y donde no hay respeto básico a los derechos humanos?

Incluso, si lo que quería el mandatario chileno era ser elogiado por Trump, pudo haber escogido ejemplos de su propio país, de cómo se reprime a los jóvenes que exigen educación gratuita y de calidad, o a los mineros que demandan mejores condiciones laborales.

El presidente norteamericano le dijo en el encuentro bilateral cosas que Piñera quería oír, aunque no tuvieran lógica en un diálogo a ese nivel. En ese caso, el mandatario del país austral, por ética, no debió hacer comparsa para difamar a pueblos latinoamericanos.

¿O es que olvidó que en los países a los que trataba de criticar, los indicadores de salud, educación, trabajo y otros, son ejemplos reconocidos por las instituciones internacionales; donde la salud es brindada a todos los ciudadanos por igual; la educación es un derecho y la recibimos sin tener que pagar un centavo por ella?

Piñera, que no es primera vez que ocupa la silla presidencial de su país, debe recordar –en la ONU y fuera de ella–, que miles de los hijos de Chile tuvieron que emigrar e instalarse en otros países para poder salir vivos durante la dictadura. Eso no pasa ahora en la Venezuela que ofende ni en Nicaragua, ni ha pasado nunca en Cuba.

A muchos preocupa y duele que todavía, en este siglo XXI, el litigio de Chile con Bolivia por el derecho a la salida al mar de este último país no esté resuelto y que la vía de la negociación y del diálogo que auspicia el presidente Evo Morales, hasta ahora no haya sido escuchada ni emprendida para bien de ambos países y de la región en su conjunto.

Una pregunta muchos se hacen desde este encuentro en la ONU: ¿cuál fue su propósito de entregar a Trump una bandera norteamericana con el blasón chileno dentro de ella?

Es muy posible que el gesto mediático pudiera tener efectos contraproducentes a la hora de entender los porqués. Incluso, puede resultar obvio que alguien piense que de lo que se trata –además de intimar con Trump– es una sugerencia para que el inquilino de la Casa Blanca tenga presente que el Gobierno chileno y su mandatario en particular, están de acuerdo con su política y en tal caso, Chile hará comparsa con
Washington en cualquier aventura que se le ocurra.

De ser así, me atrevería a aconsejar a Piñera que no mencione a Cuba, que aquí hay bastante dignidad y ningún interés mediático en quedar bien con el presidente norteamericano. Ni nuestra bandera, la de la estrella solitaria, podrá ser mutilada, ni con ese, ni con ningún otro objetivo.

CONTEXTO

– Durante la campaña presidencial del año pasado, la izquierda presentó a Piñera como un retroceso en dos sentidos: hacia el país tomado por los intereses corporativos de los más ricos y hacia el Chile del régimen militar de los 70 y 80.

– Sus críticos apuntan a la compleja trama de intereses privados que le rodea, al fracaso de su Gobierno en la gestión del Censo del 2012 o a las investigaciones judiciales que comprometen a varios funcionarios de su gabinete, incluidos dos de sus exministros.

– Según datos ratificados por el actual Gobierno de Piñera, en el anterior mandato se crearon
1 017 000 empleos. Sin embargo, la cifra ha sido cuestionada, ya que en el último año de gestión, el 65 % de los empleos creados fue por cuenta propia.

– En febrero del 2014, fue el mismo Piñera quien dijo: «hemos logrado reconstruir un 97 %». Sin embargo, según los ministerios de Obras Públicas y Vivienda, la reconstrucción no superaba el 82 %  de avance en el 2014.

 

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