Luces cubanas en la Misión Sucre

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Hugo Chávez, que emprendió disímiles planes dignos para su pueblo, inició en la práctica, el 3 de noviembre del 2003, los trabajos de la Misión Sucre. En la ciudad oriental de Güiria, el líder impartió una clase magistral a jóvenes que conocían por primera vez, gracias a la Revolución, el encanto antes vedado de la enseñanza universitaria. Aunque surgió por decreto presidencial el 9 de septiembre de ese año y, un par de meses antes, el Comandante había adelantado la idea en plena inauguración de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV), aquel día de noviembre arrancó su proyecto de «Todo un país estudiando, todo un país llenándose de luces, de moral, de mística: la educación».

Quince años después, el Doctor en Ciencias cubano Luis Manuel Massagué Martínez, asesor nacional de la Sucre dentro de nuestra Misión de Educación Superior en Venezuela, recuerda que a partir de 1999, con el triunfo de la Revolución Bolivariana, Chávez inició un grupo de misiones: primero, en la educación básica, la Robinson y la Ribas, que posibilitó que sus graduados accedieran a la universidad a través de la Sucre.

«Nuestra misión se fundó con 24 carreras universitarias que permitieron la entrada de casi medio millón de jóvenes bachilleres que anteriormente no tenían cupo para ello. Luego se fue graduando un grupo como técnicos superiores universitarios y el resto como licenciados, ingenieros, médicos, etcétera», afirma.

La pertinencia de esos proyectos ha sido tal que justo en este año 2018 las universidades de la Revolución completaron en Venezuela el medio millón de graduados.

El Doctor en Ciencias Massagué refiere los dos programas nacionales bandera: el primero, de Formación de Educadores, que acogía casi a la mitad de los triunfadores –nombre dado a los estudiantes de la Sucre– y del resto de las especialidades, desde transporte acuático hasta hidrocarburos, y, como segundo, el de los médicos integrales comunitarios, lanzado en 2005 por Chávez con la garantía de acreditación de la Universidad de las Ciencias de la Salud.

—¿Cómo se insertó Cuba en este frente de desarrollo educacional?

—Desde el propio lanzamiento, en 2003, la misión cubana se vincula. Después que arribaron nuestros médicos para auxiliar al pueblo por los deslaves de Vargas, y a raíz de las conversaciones de Fidel y Chávez que condujeron al Convenio Integral de Cooperación Cuba-Venezuela, comenzamos nosotros. Se inició la labor en pos de la alfabetización y, unido a ella, se implementaba la Misión Sucre. En cada estado, un Doctor en Ciencias o un Máster, un Profesor Titular o Auxiliar asesoraba a las universidades experimentales y a los institutos tecnológicos.

El educador granmense señala que entre 2003 y 2013 Cuba mantuvo al menos un asesor en 20 de los 24 estados, aunque en Bolívar, Carabobo, Zulia, Miranda y en el Distrito Capital dispuso dos o más de ellos. Según sostiene, se llegó a contar con 47. Actualmente suman 30 que, tras un largo proceso de perfeccionamiento, atienden a un total de 27 841 triunfadores.

«El Convenio de Cooperación Cuba-Venezuela para la educación universitaria tiene aquí –explica el académico– como vertientes la asesoría a los programas de formación de pregrado en la Misión Sucre y la asesoría a los programas de posgrado porque, desde el primer momento, junto a la preparación en pregrado en carreras de las universidades, atendimos la formación de másteres y doctores para este pueblo».

Según declara el profesor Massagué, en posgrado se han graduado 4 838 profesores como másteres y doctores de todo el país, en áreas como ingeniería, arquitectura y tecnología, ciencias del agua y el mar, en ciencias sociales y de la educación.

«Respaldamos posgrados maestrías y/o doctorados en los 24 estados de la nación.  Se mantienen a pesar del bloqueo que sufre Venezuela, del financiamiento reducido que se puede dar, por ejemplo, a las pasantías en Cuba, y a pesar también de las afectaciones para cumplir el cronograma de formación doctoral y de másteres», comenta.

—¿Cuántos centros universitarios cubanos participan en estas acciones de colaboración?

—En estos momentos participan 37 universidades de Venezuela y 45 centros de Cuba, porque no son solo universidades: los polos científicos y centros de investigación también intervienen en la conducción de la formación doctoral aquí. Se incluyen, por ejemplo, desde el Instituto Minero Metalúrgico de Moa hasta el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología, pasando por disímiles unidades de ciencia e innovación de todas las provincias. Cualquier colectivo universitario cubano puede aportar profesionales para los trabajos del convenio.

—¿Cómo persiste una colaboración tan sensible en condiciones de franco ataque económico? ¿Qué proyección se avizora?

—En 15 años, nuestra misión ha llevado a cabo en este país 141 programas de maestría y doctorado. Ahora mismo asesoramos dos de doctorado y 29 de maestría. Como ha dicho nuestro presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Cuba mantendrá la colaboración con Venezuela en cualquier condición. En este momento, en nuestra área, asesoramos 14 carreras del pregrado en Venezuela, con 27 841 estudiantes, y trabajamos además, en posgrado, en la formación de más de 1 670 profesionales.

«Los vínculos se fortalecen cada vez más en la preparación en la rama energética, la agroecología, las ciencias de la economía y las ciencias sociales, todo lo cual prestigia la obra de nuestras universidades y centros de formación de posgrado».

—¿Qué aporte significan estos graduados para el fortalecimiento de los programas de la Revolución Bolivariana?

—Quiero señalar dos elementos fundamentales: el impacto que tuvo la graduación de los estudiantes de la Misión Sucre. Los primeros graduados eran de los planes de Medicina Integral Comunitaria y de formación de educadores, dado que Venezuela tenía un déficit extraordinario de maestros en las escuelas primarias y su educación especial carecía sobremanera de especialistas para alumnos discapacitados. Nosotros desarrollamos una especialización que impactó en la atención a estos discapacitados, y los profesionales formados se vincularon con los de la Misión José Gregorio Hernández para atender a las familias con estos casos.

«Por otro lado, más del 70 por ciento de los graduados en Sucre se ha incorporado a las empresas e instituciones en función del desarrollo del país.

Gracias a la Revolución Bolivariana, hoy es común en Venezuela la adquisición de un título universitario, aunque parte de ese capital humano haya migrado en medio de la fuga de cerebros promovida desde el exterior para afectar el proceso revolucionario. Todos saben que el desarrollo de la minería y de la petroquímica es asediado por las grandes transnacionales y que muchos de los especialistas que trabajan en esas empresas son graduados de nuestra misión».

—De todos modos, la preparación cultural e ideológica dada por los profesores de la Sucre contrarresta ese despojo de inteligencias nacionales…

—Es cierto. Los programas de formación de la Sucre –explica– se perfeccionan continuamente y se orientan a la preparación de un ciudadano competente, pero responsable, que ame a su patria y desarrolle valores propios de una sociedad justa e inclusiva.

—Esta fuerza cubana ha enseñado mucho, pero ¿qué puede haber aprendido aquí, en 15 años?

—Lo principal para nosotros, como colaboradores, es que tuvimos la oportunidad única de participar en la acción más grande del país, que ha sido universalizar el conocimiento. Casi sin experiencia de la universalización de la educación superior en Cuba, trajimos aquí nuestras mejores ideas al respecto y vivimos el perfeccionamiento de la municipalización de esta enseñanza. Vimos a los estudiantes acercarse a sus casas para formarse como profesionales, lo cual es poco común en este mundo de globalización neoliberal y de mayores prestaciones tecnológicas, pero de menor acceso social.

«También palpamos la formación desde las aldeas universitarias. Estuve aquí antes, como asesor de la Sucre, del 2006 al 2009, y aprecié desde entonces el fortalecimiento en la formación de universitarios pero vi, sobre todo, el aporte que hemos hecho para preparar educadores y médicos integrales comunitarios. Muchos de los médicos que hoy están en los consultorios populares proceden de aquella cantera nuestra. Es hermoso aprender eso juntos, en Revolución».

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