El verdadero interés de Estados Unidos y las grandes transnacionales en América Latina y el Caribe (parte I).

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Nuestra América padece otra vez la arremetida del imperialismo estadounidense y de las oligarquías. Acontece en la región una triste realidad de peligrosa convulsión e inestabilidad política y social, promovida desde Washington. Las fuerzas más reaccionarias del hemisferio aplican contra los gobiernos soberanos un guion de golpes de Estado, fórmulas de guerra no convencional, represión policial brutal, militarización, medidas coercitivas unilaterales, procesos judiciales amañados contra líderes progresistas, y proclaman la vigencia de la Doctrina Monroe y el Macartismo.

¿Cuál es el verdadero interés de EE.UU. y los monopolios en la región? ¿La supuesta libertad, la democracia, los derechos humanos? No. Es preservar la dominación imperialista sobre los recursos naturales.

La riqueza nuestroamericana,  ¿también su «maldición»?

Desde que los imperios europeos encontraron en América importantes recursos, saquearon y colonizaron nuestras tierras, la historia de los países de la región ha sido la del despojo de sus riquezas naturales, página similar a la de otras zonas geográficas del planeta. En nuestro caso, primero lo hicieron España, Francia, Portugal e Inglaterra en la etapa colonial; más tarde, Estados Unidos y las grandes transnacionales. Conquistada la independencia, continuó la dominación económica imperialista hasta nuestros días en la mayoría de las naciones del hemisferio.

«Como los primeros conquistadores españoles, que cambiaban a los indios espejos y baratijas por oro y plata, así comercia Estados Unidos con América Latina.  Conservar ese torrente de riqueza, apoderarse cada vez más de los recursos de América y explotar a sus pueblos sufridos: he ahí lo que se ocultaba tras los pactos militares, las misiones castrenses y los cabildeos diplomáticos de Washington», advertía el líder histórico de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz en la Segunda Declaración de La Habana, el 4 de febrero de 1962.

Los gobiernos progresistas al nacionalizar o recuperar para los pueblos gran parte de sus recursos naturales afectaron los intereses monopólicos. Estos últimos emporios económicos se reparten el mundo como un pastel y no aceptaron renunciar a la «jugosa tajada» de América Latina y el Caribe.

Baste señalar que varios países de la región poseen una proporción importante de las reservas minerales del planeta: el 68 % de las reservas mundiales de litio (Chile, Argentina y Bolivia), el 49 % de las reservas de plata (Perú, Chile, Bolivia y México), el 44 % de las reservas de cobre (Chile, Perú y, en menor grado, México), el 33 % de las reservas de estaño (Perú, Brasil y Bolivia), el 26 % de las reservas de bauxita (Brasil, Guyana, Surinam, Venezuela y Jamaica), el 23 % de las reservas de níquel (Brasil, Colombia, Venezuela, Cuba y República Dominicana), y el 22 % de las reservas de hierro (Brasil, Venezuela y México), entre otros, recoge el informe Recursos naturales: situación y tendencias para una agenda de desarrollo regional en América Latina y el Caribe, una contribución de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

De ahí la relevancia estratégica de esta parte del mundo para los intereses estadounidenses. Por cierto, también la zona más cercana a sus fronteras nacionales, y por consiguiente cualquier intervención directa o indirecta, bajo cualquier pretexto, sería más barata en comparación con otra llevada a cabo en África o Asia, aunque tampoco renuncien a estas últimas. Una mirada retrospectiva a la historia regional demuestra la claridad meridiana de aquella frase de El Libertador Simón Bolívar: «Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad».

Tras el telón… el interés de Washington por Venezuela y Brasil

El término petro-agresión alude a la tendencia de los estados ricos en petróleo de ser el blanco de agresiones foráneas, con excusas de cualquier tipo. Las guerras recientes en el Oriente Medio (Afganistán, Irak, Libia y Siria) impulsadas por Estados Unidos y sus aliados tienen este carácter.

De acuerdo con datos de la corporación venezolana Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez Frías es el reservorio más grande del mundo. El 31 de diciembre de 2010, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) oficializó el trabajo de certificación de las reservas petroleras realizado por el Ministerio de Petróleo y Minería. De esta manera, la OPEP «reveló la verdadera situación de las reservas petroleras que existen en la Faja Petrolífera del Orinoco Hugo Chávez Frías, con la certificación de 270 976 millones de barriles (MMBlS) de crudos pesados y extrapesados (…). Con esta certificación, además de la reserva igualmente certificada de 28 977 mmbls de crudos livianos y medianos, la República Bolivariana de Venezuela totaliza 299 953 mmbls, hecho que coloca al país con la mayor reserva de crudos en el planeta», señala la Colección Cuadernos de Soberanía Petrolera de PDVSA.

Según la publicación, Venezuela cuenta con el 25 % de las reservas de la OPEP y el 20 % de las que corresponden a escala mundial, posee el petróleo necesario para impulsar su desarrollo durante los próximos 300 años, a una tasa de recuperación del 20 %.

Por otra parte, en 2007 la empresa Petróleo Brasileiro s. a. (Petrobras) anunció el descubrimiento de sustanciales recursos de petróleo y gas natural en reservorios ubicados bajo una capa impermeable de sal en el litoral del país, depositados hace 150 millones de años. Los descubrimientos en el Presal de Brasil se encuentran entre los más importantes a nivel mundial en la última década. Esta zona está formada por grandes acumulaciones de aceite ligero de excelente calidad y alto valor comercial, de acuerdo con informaciones de Petrobras.

El Ministerio brasileño de Minas y Energía destaca que el Presal es actualmente una de las fuentes de petróleo y gas más importantes del planeta, y que alrededor del 70 % de esas reservas nacionales se hallan en las zonas presalinas.

El Triángulo del Litio se encuentra en Sudamérica

¿Quién duda que el reciente golpe de Estado en Bolivia fue promovido por Estados Unidos, motivado por intereses económicos y políticos? La nacionalización de los hidrocarburos y de las empresas estratégicas protagonizada por el presidente Evo Morales significó la libertad económica para Bolivia, pero también una estocada a los monopolios energéticos. Para el imperialismo fue intolerable que el pueblo boliviano recuperara las ganancias del petróleo y el gas, y especialmente quedarse fuera del jugoso negocio del saqueo de un codiciado mineral del que la nación sudamericana tiene el 30 % de las reservas internacionales: el litio.

A este recurso se le denomina como el «oro blanco» o «mineral del futuro» por múltiples razones. Sus propiedades químicas lo convierten en el elemento sólido más ligero que se conoce, posee la mitad de densidad del agua, y sobresale como un eficiente conductor de calor y electricidad. Este relevante potencial electroquímico lo convierte en un material ideal para la fabricación de baterías eléctricas para el almacenamiento de energía (baterías Li-Ion), con un rol imprescindible en la fabricación de dispositivos electrónicos (celulares, tabletas, etc.) y automóviles eléctricos, entre otros usos.

El acceso a este mineral resulta hoy centro de las disputas globales. «Casualmente», las mayores reservas mundiales se hallan en el llamado Triángulo del Litio en la región fronteriza entre Bolivia, Chile y Argentina, en Sudamérica. Ese territorio concentra alrededor del 68 % de las reservas globales –Bolivia posee el 30 % de las reservas mundiales y la mayor reserva de litio del planeta, ubicada en el salar de Uyuni; Chile el 21 %, y Argentina el 17 % del total–, según un estudio publicado en la Revista Latinoamericana Polis, citado por RT.

Algunos analistas pronostican ya las futuras guerras por el litio, como en su momento ocurrió por el petróleo. Otra señal para mantenernos alertas al sur del río Bravo hasta la Patagonia, y defender la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, frente a la voracidad de Estados Unidos y las oligarquías. Solo la unidad regional impedirá una nueva guerra de rapiña y la balcanización en Nuestra América.

Del Editorial Granma

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