¿Detenidos en el tiempo o conquistando un futuro mejor?

Dar gratuitamente a los demás es una hermosa pauta muy saludable emocionalmente.iAplique la máxima que dice: «quien no vive para servir, no sirve para vivir». foto: dunia álvarez palacio
Dar gratuitamente a los demás es una hermosa pauta muy saludable emocionalmente. Aplique la máxima que dice: «quien no vive para servir, no sirve para vivir». Foto: Dunia Álvarez Palacios

La vida humana siempre está expuesta a lo inesperado. Pocos podían prever que este nuevo año tuviera guardados, para nosotros, tantas paradojas y desafíos. No solo estamos ante una pandemia, sino también ante una conmoción universal.

Nadie es inmune a tanto dolor compartido. Todos estamos viviendo una sensación de irrealidad, al mismo tiempo que innovando estrategias para subsistir y resistir en «modo-covid-19».

Aquellos pilares, a partir de los cuales construimos la seguridad de nuestras vidas (trabajo, salud, economía), hoy se tambalean. Las prioridades han cambiado, algunos proyectos quedaron en pausa y la vida adquirió otro ritmo.

¿Será que en este 2020 necesitamos una visión de igual calibre para lograr mayores alcances y poder ver nuevas cosas que antes eran invisibles?

De repente nos damos cuenta de que la existencia puede ser efímera, que somos más vulnerables de lo que creíamos, que debemos agradecer y valorar en su justa medida el milagro  diario de la salud y de cada despertar, y que, mientras estemos en este mundo, tenemos el deber de sacarle a la vida el máximo provecho.

Decía Viktor Frankl, neurólogo y siquiatra austriaco, sobreviviente de un campo de concentración durante el Holocausto  nazi, que las fuerzas que escapan a tu control pueden quitarte todo lo que posees, excepto una cosa: tu libertad de elegir cómo vas a responder a la situación. Sabemos que el dolor se vuelve inevitable, pero la manera de vivirlo depende de nosotros, y eso sería una gran lección que podemos dejar para el futuro a nuestros hijos tras esta pandemia.

Las crisis son grandes oportunidades para actuar de modo consciente y diferente sobre lo que sí está en nuestras manos hacer. Uno nunca sabe lo que significa ser fuerte hasta que ser fuerte es la única opción. Ha comenzado tal vez un tiempo de cambiar muchas claves a nivel personal, familiar, laboral y social. Por más que no queramos reconocerlo, y por muy paradójico que parezca, vamos a tener que admitir las lecciones que la covid-19 nos ha enseñado:

Estamos aprendiendo a amar de otra manera, a construir nuevas formas de proximidad y distancia, a descubrir nuevos significados del amor. Son tiempos para cultivar las relaciones en formato diferente, entender que estar lejos no significa no estar cerca, y que estar cerca no necesariamente evita que algunos sientan que estemos lejos. Que la soledad nos hace ver el valor de la compañía. Que no importa la distancia o la cercanía, lo importante es estar disponibles emocionalmente a tiempo completo.

Hoy tenemos sed de piel, hambre de contacto. Hoy sabemos apreciar que la distancia importa muy poco cuando alguien significa mucho. Ahora es el tiempo de apoyar con creatividad, sobre todo a las personas que lo necesitan más que nosotros, en especial nuestros mayores y personas con discapacidad. Dar gratuitamente a los demás es una hermosa pauta muy saludable emocionalmente. Aplique la máxima que dice: «quien no vive para servir, no sirve para vivir».

Tenga por seguro que la positividad

también es contagiosa. ¿Se ha preguntado alguna vez si usted es una persona que inspira bienestar o emana alta toxicidad para los demás? ¿Se ha preguntado si usted es un constructor de paz o una bomba de tiempo? Hoy se necesitan personas que mantengan una actitud responsable, tranquila, sosegada, centrada y esperanzadora.

Si no es parte de la solución, se pasa al bando de los problemas. Nunca antes nuestra actuación individual ha sido tan esencial para el bien común. El actuar responsablemente, con nosotros mismos y los demás, adquiere hoy un sentido de deber cívico y misión compartida.

Quédate en casa, se dice fácil pero se vive difícil. Hay que evitar el sobrecalentamiento familiar. Las palabras claves aquí son: acuerdos de convivencia, ayudas mutuas, alternar los momentos de estar solos y momentos de encuentro, no hablar todos al mismo tiempo. Hacer toques de queda familiar para respetar horarios escolares, laborales, de sueño y alimentación y, sobre todo, momentos de reír y divertirse juntos.

No deje para después un te quiero, un te extraño, una disculpa. La pandemia pasará, pero usted y su familia saldrán fortalecidas o, en su defecto, habrán perdido este tiempo único e inédito en la desidia de la espera. Nunca olvide que, a pesar de los pesares, la familia es el plato fuerte del banquete de la vida.

No ponga su vida en pausa, ni en modo de espera, acepte como desafío todo lo que tenga que hacer. Es probable que no tengamos esa posibilidad una vez que haya finalizado esta situación. Quizá sea una buena oportunidad para revisar y hacer «arqueos de cajas emocionales», reordenar nuestros valores, necesidades y prioridades. No podemos controlar el mañana, pero sí podemos aprender a vivir el hoy sabiamente.

Los seres humanos podemos alcanzar una grandeza inusitada en el áspero terreno del infortunio. Si al final del túnel usted logró reinventarse, ser un poco mejor, amar más a los suyos, enseñarles a los niños a cocinar, pintar, bailar, cuidar de sí, a cantarles una canción por teléfono a los abuelos, si el adolescente aprendió a ayudar en las tareas domésticas, si  usted aprendió a querer más a los suyos entendiendo que el verdadero amor no daña sino procura el bien, aunque la vida parezca que está detenida en el tiempo, usted está conquistando un futuro mejor.

 

Tomado de Granma.

 

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