Bolsonaro en cuarentena presidencial.

Bolsonaro en cuarentena presidencial

Jair Bolsonaro ha descuidado la situación de Brasil ante la Covid-19 (Foto: Andre Borges/ AP)

El mandatario brasileño fue sustituido por un general en activo de manera operativa…

Por Lídice Valenzuela

Aunque demostró que carece de poder en ciertos círculos gubernamentales y que marcha contra la corriente oficialista, el presidente brasileño Jair Bolsonaro sigue haciendo locuras ante la trágica situación creada por la COVID-19 en el país, aun cuando fue sustituido interinamente por el general Walter Braga Netto.

El pasado viernes, en otra de sus puestas en escena filmada y difundida por uno de sus hijos, el mandatario —que no supo manejar la crisis nacional sanitaria, causante de la muerte de 941 personas y el contagio de casi 16 000 hasta el día 10— salió a pasear por las calles de Brasilia sin nasobuco, se detuvo en una panadería, comió un bocadillo y escuchó el abucheo en su contra de vecinos aislados en sus hogares.

A pesar del peligro de la pandemia, en especial en las zonas más pobres del país, el presidente ahora desplazado había seguido el ejemplo de su par estadounidense Donald Trump, quien puso delante la economía y después a los seres humanos, lo cual colocó al norteño en una delicada situación para las elecciones de noviembre próximo, en las cuales aspira a reelegirse.

Bolsonaro se rodeó de militares por su voluntad, pues consideró debía contar con el apoyo de una institución comprometida con la represión y la defensa del orden para que ocupara puestos estatales.

Conforme el ultraderechista dignatario fue perdiendo apoyo, incluso de los suyos, el gobierno fue llenándose cada vez más de militares, en actividad y de la reserva, quienes ahora lo sacaron de circulación por su incapacidad política.

El vacío dejado por la carencia de un gobierno centrado ya fue ocupado por los militares, cada vez más comprometidos, incluso como institución, con este gobierno, cuyo presidente carece de partido político, pues abandonó al que lo candidateó en 2018.

Los choques por el tema de la jerarquía se hicieron visibles cuando en un evidente ataque de histeria intentó destituir a su ministro de Salud Pública, Luiz Henrique Mandetta, quien sin hacerle caso declaró: “Un médico no abandona a sus pacientes”, y siguió en el cargo, lo que ejemplifica que carecía de poder para remover a un miembro de su gabinete. Mientras el doctor, también experimentado político, solicitó al pueblo el aislamiento social como única manera de evitar el contagio y el colapso de la maltrecha sanidad pública nacional, el presidente iba en su contra.

Mandetta cuenta con el 76 % de aprobación popular, según la más reciente encuesta de Datafolha, gracias a su profesionalismo y a su forma sosegada, dijo la investigación, de comunicar los datos de la crisis sanitaria en su rueda de prensa diaria.

Otra de las discusiones abiertas entre las dos figuras políticas ocurrió en torno al uso de la cloroquina y la hidroxicloroquina, dos medicamentos originalmente empleados para el tratamiento de la malaria, y que Trump considera en Estados Unidos como “mágicos” contra la COVID-19, también desoyendo los criterios de los expertos. La tozudez del excongresista es tal que considera estos antipalúdicos como la clave para tratar a los pacientes más delicados, sin respaldo científico alguno, mientras el ministro Mandetta asegura que causan ataques cardiacos y la muerte a los ancianos.

LOS MILITARES SACAN A BOLSONARO

La agencia de noticias Prensa Latina (PL) informó el pasado día 4 que el nuevo presidente operativo de Brasil es el general en activo Walter Souza Braga Netto, quien se desempeñaba como el ministro-jefe de la Casa Civil.

El portal Brasil 847 es la fuente original de la noticia, basada en una nota del periodista de investigación argentino Horacio Verbitsky, uno de los más prestigiosos de Suramérica, quien argumentó que Bolsonaro no era escuchado por las autoridades a la hora de tomar decisiones, entre ellas enviar a las personas al trabajo, en contradicción con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de su titular Mandetta.

Verbitsky afirma: “Hubo una comunicación telefónica de un alto jefe del ejército brasileño con uno de Argentina, en la que el brasileño informó que habían tomado la decisión de eludir al presidente en todas las decisiones importantes”. El analista asegura también que el mandatario actúa como “un monarca sin poder efectivo” y que Braga Netto tendrá a su cargo la dirección y la centralización en su persona de toda la gestión gubernamental, al menos mientras dure la crisis por la COVID-19, y cuando termine se hará un nuevo análisis de la situación del excapitán que salió a comprar y a comer pan sin nasobuco por Brasilia.

Pero este no es el único incidente alucinante de los últimos días, que convenció al equipo militar que lo rodea a sacarlo del ruedo. El pasado día 5, en medio de la pandemia, Bolsonaro convocó a sus seguidores y salió con ellos a la calle para exigir el cierre del Congreso Nacional y la disolución de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), lo que —según Brasil 847— hizo sin consultar a su ejecutivo y comprometiendo el estado de derecho, si es que existiera, en la nación.

Tan desenfrenada fue su actuación, que esa misma CSJ le impidió que divulgara sus opiniones contra la prevención de la COVID-19.

El derechista periódico O Globo, que siempre lo apoyó, se pronunció mediante su columnista especializado en poder y política, Merval Pereira, quien lo considera “un presidente cercado, ya que en momento tan critico ha mostrado signos de un desequilibrio emocional peligroso, lo que obstaculiza la acción del propio gobierno”.

Aunque la prestigiosa periodista argentina Eleonora Gosman, radicada en Sao Paulo, indica que los uniformados “le dieron un golpe blanco”. Lo cierto es que para evitar tales comentarios ellos suavizaron el tono para no victimizar al llamado “descerebrado” ni situar en su lugar a su vice, el general Hamilton Mourao, ya que los olores de los años del plomo de la dictadura militar (1964-1985) aún se sienten en Brasil.

El general Braga Netto, abundó La Repubblica en Italia, tendrá “la nueva misión informal, resultado de un importante acuerdo que involucró a ministros y comandantes militares y al presidente de la República”, lo que varios círculos políticos opositores consideran se trata de una intervención o junta militar sustitutiva.

También los gobernadores afrontaron las críticas del Planalto cuando acataron las órdenes del ministro de Salud y decretaron en cuarentena a los trabajadores y otros segmentos poblacionales.

En una conversación frente a periodistas hace pocos días, Bolsonaro tildó de “terrorista” al derechista gobernador de Sao Paulo, Joao Doria, por adoptar un conjunto de medidas y restricciones con la finalidad de enfrentar la propagación de la COVID-19 y arremetió en general contra los 27 líderes territoriales, al afirmar que las acciones dispuestas para el aislamiento social es “cosa de ellos”.

En 1964, los militares forjaron el vacío para intervenir, actuando fuertemente para deteriorar al gobierno del progresista João Goulart. Apoyados en la Doctrina de Seguridad Nacional, erosionaron la legitimidad del gobierno y dieron el golpe que implantó la dictadura hasta 1985.

Brasil es el país con mayor número de fallecidos y contagiados en América Latina y el Caribe, pero podrían ser más que los indicados en los informes oficiales, que solo contabilizan a quienes acuden a los hospitales.

¿CÓMO UN POLÍTICO COMO BOLSONARO LLEGA A LA PRESIDENCIA?

El mandatario, de 65 años, padre de tres hijos, dedicados también a la política, ganó la presidencia en 2018 luego de ejecutar un plan ordenado por la derecha a la que pertenece para evitar, mediante persecución judicial y una condena premeditada y falsa, que el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva ganara las elecciones. Además, puso en práctica una campaña electoral mediática con el uso de las redes sociales para atraer en especial a los jóvenes.

Sin líderes, los poderosos medios financieros del gigantesco país de 8 millones de km2 y 210 millones de habitantes —el 38 % en la miseria—, escogieron para suceder al golpista Michel Temer a Bolsonaro, un oscuro diputado federal que durante 28 años consecutivos ocupó un escaño y en ese tiempo solo propuso una resolución que no pasó en el Congreso Nacional.

Nadie puede decir que en los grupos políticos de la derecha se desconocía su carácter extravagante, egocentrista y que era catalogado de enfermo mental, pero les hizo falta en el momento para llenar un hueco, pensando que podrían manejarlo a su antojo, como buen títere de los capitales.

El dignatario, que tuvo en las elecciones el apoyo de 40 millones de miembros de las iglesias Evangélicas a la que él pertenece —según afirmó en su momento Jornal do Brasil— ha dado muestras de que es incontrolable.

Él mismo fue cavando su fosa cuando pensó que si colmaba su ejecutivo de altos personeros de las Fuerzas Armadas Brasileñas (FAB) y tenía a su lado como vice al general Mourao tenía todas las de ganar, porque con ese sector de su parte nadie se atrevería a moverlo del cargo.

Sin embargo, todo indica que el tiro le salió por la culata. Aunque nunca escondió su lenguaje desequilibrado y ofensivo —como cuando le dijo a una diputada que no merecía ser violada porque era muy fea, o que la COVID-19 era una gripecita­— su pésima posición ante la presencia de la enfermedad en el país, su pleito con el titular de Salud y el bajón que tiene en el apoyo popular hicieron que los militares se pusieran las botas, que pocos saben cuándo van a quitárselas.

Tomado de Cubahora

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