Cuando el silencio cómplice ampara al terrorismo.

Cuba denunció el ataque terrorista con fusil de asalto y más de 30 impactos de balas a nuestra Embajada en la capital de EE.UU. y ha reclamado al Gobierno estadounidense una investigación exhaustiva y rápida.
Cuba denunció el ataque terrorista con fusil de asalto y más de 30 impactos de balas a nuestra Embajada en la capital de EE.UU. y ha reclamado al Gobierno estadounidense una investigación exhaustiva y rápida. Foto: Guetty Images

La incapacidad del Gobierno de Estados Unidos de, al menos, reconocer por su nombre el ataque terrorista contra la Embajada cubana en Washington, delata una «peligrosa actitud que puede ser asumida como endoso a este flagelo».

Tal interpretación, publicada en Twitter por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla, no es una expresión retórica para insistir en el reclamo justo de una respuesta coherente, ante el alevoso incidente del pasado 30 de abril. La fundamentan todas las evidencias sucesivas que el terrorismo de Estado, promovido por las administraciones estadounidenses contra Cuba, han manchado de lágrimas y sangre la historia de resistencia de la Revolución.

Pocas veces el cinismo político ha tenido un currículo tan largo. El practicado contra la Mayor de las Antillas, al menos, tiene más de seis décadas, y cientos de páginas luctuosas entre sus hijos; en tanto, siguen queriendo hacer creer el trueque artificial de los papeles de víctima y victimario.

Ahora mismo emplazan a la Isla por «no cooperar lo suficiente con el combate al terrorismo», mientras desconocen la posición fijada una y mil veces por Cuba, radical contra ese flagelo.

La peligrosa desfachatez estadounidense, aparejada a la impunidad flagrante con que reaccionan a la violencia de Estado, pueden estimular la vuelta de aquellos tiempos en que grupos mercenarios hacían declaraciones públicas adjudicándose o anunciando las fechorías criminales que cometían.

Agosto de 1976 guarda un ejemplo muy claro, cuando en un periódico en Miami los perpetradores narraban cómo volaron un auto frente a la Embajada cubana en Colombia, y destruyeron las oficinas de Air Panamá. «Muy pronto atacaremos aeronaves en vuelo», preconizaron, y seis semanas después estallaba nuestro avión sobre Barbados.

La memoria de esta Isla reserva las mayores evidencias.

 

Tomado de Granma.

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