Carta de despedida de Trump a Biden (a lo cubano).

Por : Carlos Lazo

Biden: Ya me voy. Estoy cabrón, de verdad. El “virus chino”, disturbios y pa’ ponerle la tapa al pomo, perdí las elecciones. No es fácil. Me han echa´o algo, yo lo sé. Pero yo también soy fula. Me voy a confesar contigo.

La verdad es que yo siempre he hecho lo que me ha dado la gana. Desde chama lo mío era ganar. Mi papá alquilaba un equipo de niños pa’ que jugaran béisbol conmigo. ¿Qué hacía yo si perdía? “¡Se acabó el juego caballeroooo!” Y me llevaba el bate y la pelota (y los espantaba a batazos). Así fui toda mi vida.

Si yo no ganaba, se trancaba el dominó. ¡Y vengativoooo! ¡Concojone! No sé a quién salí. Porque el viejo era estricto y pícaro, pero no vengativo.

Una vez desalojó a unas familias afroamericanas de uno de sus edificios. Al mes siguiente les volvió a rentar los mismos apartamentos, a los mismos negritos, por el doble de alquiler. El viejo era un bicho. Pero pa’ que tú veas, no era rencoroso.

Biden, esto no es fácil. Tú no te imaginas lo que es salir así de la Casa Blanca. ¿Bajanda? No mi hermano: ¡Demandas! de soborno, de evasión de impuestos, de corrupción, hasta de insurrecto. Arriba de eso, unas viejas me acusan de haberlas jamonea’o. ¡Eso fue hace como cincuenta años, compadre! Dime, ¿tengo o no tengo derecho a decir que esto es “un virus chino”? No chico, virus chino no. ¡Lo que tengo en un chino atrás!, como dicen los cubanos.

Hablando de los cubanos, por culpa de ellos perdí las elecciones. Todo empezó ahí. Cuando el presidente Obama se relajó con Cuba me puse contentísimo (ese embargo no está en na’). Por eso, cuando Barack iba pa’ la Habana le dije: “Mulato, ponme la buena pa’ meter un campito de golf o un hotelito en la poma”. Pero Obama tenía tremendo vértigo conmigo. “Donald, el mío”, me dijo, “después de la talla esa, de decir que yo soy africano. ¡Eso estuvo fula! ¿Y tú tienes el descaro de pedirme que te tire un cabo? ¡Lo que tengo deseos es de sonarte la caretaza esa!”

Yo pensé en decirle a la mujer. Pero Barack, que se las sabe todas, me soltó: “Y ni se te ocurra hablar con la Michelle, que a esa ¡cuando se le monta el africano!…”. En fin. Mandé a unos consorticos míos pa’ que cuadraran con Raúl (o con el que fuera). Nada. Nananina jabónn candao’. Sheraton, Marriot, to’ el mundo en alza, pero a Trump le dieron el bate.

Tú no te imaginas el encabronamiento que cogí. Cuando me lancé contra Hillary, todavía tenía esperanzas de que los cubanos me dieran un chance. En la campaña les decía “¡Yo quiero mejor negocio!” Pero me ignoraron. Y gané, compadre, gané. Me acuerdo de aquella noche de 2016. En la televisión dijeron que yo iba a ser el Presidente.

Te lo juro, en lo primero que pensé fue en Cuba. ¡Me la iba a desquitar! Y tú sabes cómo es lo mío; si no me dejan hacer lo que me de la gana ¡le prendo candela al bosque! Bueno, pues eso me hizo perder las elecciones. Me desatendí de todo. Cuba se convirtió en mi obsesión. ¿Democracia? Na, eso es pa’ los bobos.

Tú sabes que yo tengo tremenda guara con Kim Jong-un, con Putin, con el rey de Arabia Saudí (el que picó en pedacitos al periodista aquel). Lo mío con los cubanos era vengarme. Cerrarles el juego. Llevarme el bate, la pelota y entrarles a batazos.

Fíjate que, cuando empezó la jodedera con el coronavirus, ya yo tenía la cabeza mala. “Presidente, el virus está haciendo zafra”, me dijo Pompeo. “¿Tiene alguna idea de dónde comprar nasobucos y pruebas PCR?”. Yo le respondí “Anjá. No dejes que entre ningún barco con nasobucos a Cuba”. El Pompe protestó: “Coño Donald, pero la cosa es aquí”. Yo lo miré atravesa’o. Él les corto los envíos de nasobucos y de petróleo.

En octubre, la gente en Estados Unidos estaba en la tea, locos porque yo les tirara un cabo. El coronavirus les había dado duro. Tenía que haberles pasado unos fulitas, aquí mismito, en el Yuma. Pero no. ¿Yo? ¡Encarna’o! ¿En plena pandemia? ¡Vengativo! ¿Cheque a los americanos? ¡Ñiet tabarich! “Pompeo, corta los envíos de remesas a Cuba”.

Esa vez hasta Melania montó tremendo berro. “Donald, mijo el mal que uno hace se vira pa’ uno” me dijo. Incluso Ivanka, así fina, susurró: “Puro, ¡karma!” ¡Imagínate tú, pedirme calma! Yo tenía que haber oído a mi familia.

Llegaron las elecciones y seguí, con la misma: Cuba, Cuba, Cuba. Y perdí. Pero no todo fue culpa mía. La culpa también la tiene el grupito ese de Miami, los de siempre. Me decían, “cero remesas”, “cero recargas”, “parón”. Me juraron que con el coronavirus aquello se jodía. Y les hice caso. ¿Cuántos años llevamos en lo mismo, Biden? ¡Que le pase esto a un novato! Pero, ¿a mí? Y no fue por falta de consejo. Hasta unos bicicleteros vinieron un día abogando por “la familia cubana”. ¡Tres mil millas pedalearon los locos esos! Pero yo, sordo. Debía haberlos oído. El que quiere a su familia es buena gente. Pero nada, entre la obsesión con lo del campo de golf, “los consejos de Miami”, y Obama—¡y la envidia que le tengo al moreno ese! —aquello fue “too much”. “¿No Trump Tower?”

Le quité la licencia al Marriot. ¡Hasta los cruceros suspendí! Y al final pa’ na. La gente en la Isla se está comiendo tremendo cable y aquí, el muerto está que da al cuello. ¡Por eso perdí las elecciones! Melania tenía razón, el mal que uno hace, se devuelve pa’ uno. ¿Mi consejo. Biden? Arregla las cosas con Cuba.

Un día soñé con levantar el embargo y mira cómo terminé. De corazón. Bamba abierta, Biden, mi hermano. ¡Relaciones! #Puentesdeamor (me gusta la frasecita esa). Haz lo mismo que yo quise hacer con los coreanos. Es hasta más fácil porque Cuba no exporta bombas sino médicos. ¡Ah! Y no te dejes embarcar por el buchito de odiadores de Miami. Esa gente no es de fiar.

Esos no quieren ni a su familia. Y el que no quiere a su familia no quiere a nadie. ¡Puentes de amor Bien! ¡Puentes de amor! Carlos Lazo20 de enero de 2021Siga el enlace y firme la petición para que Joe Biden levante las sanciones al pueblo cubano. www.puentesdeamor.com

Tomado de Alma Cubanita.

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