Nunca más la República mutilada (+Video).

bandera cubana cuba neocolonia Plaza de armas
Foto: Tomada de Archivo

¿Cómo se hubiera sentido José Martí de asistir al advenimiento de la República el 20 de mayo de 1902? ¿Era aquella la patria que había soñado y por la que cayó en combate como tantos y tantos cubanos a lo largo de tres décadas e incluso antes? ¿La nación intervenida a punto de fraguar la independencia a la que el ocupante, en gesto perdonavidas y luego de asegurar la permanencia del dominio, supuestamente daba vía libre?

¿Estaría de acuerdo con procónsules y oligarcas alguien que el día antes de su muerte escribió al amigo mexicano que la lucha cobraba sentido en «impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América»?

¿Saltaría de gozo al ver ondear la enseña nacional sobre el Palacio de los Capitanes Generales y el Morro o concordaría con la apreciación de su compañero Juan Gualberto Gómez, publicada ese mismo día, acerca de «persistir en la reclamación de nuestra soberanía mutilada»?

En el rastreo de fuentes para sus leídas crónicas dominicales, el infatigable Ciro Bianchi Ross halló un dato simbólicamente perturbador: 15 minutos después del izaje de la bandera en la antigua sede palaciega colonial de la Plaza de Armas, el pabellón fue arriado por orden del interventor Leonardo Wood, pues pretendía llevarlo de trofeo en su retorno a Estados Unidos.

Ni más ni menos es lo que unos cuantos en el vecino territorio norteño, personeros de la ultraderecha en alianza con neoplattistas, no dejan de promover: secuestrar la nación, regresarla en el tiempo, sin descartar la anexión.

Creen contar para ello con un entramado de leyes espurias que tratan de justificar la guerra económica, financiera y comercial contra Cuba, con la Torricelli y la Helms-Burton, con la persecución de la Oficina de Activos Extranjeros (OFAC), con las agencias federales y entidades a su servicio, dentro y fuera de EE. UU., que financian la subversión, con un aparato propagandístico que abarca desde medios convencionales hasta las redes sociales, con la acogida y auspicio a elementos terroristas, con sietemesinos que cobran o le hacen el juego dentro de la Isla.

Cálculos fallidos, al no contar con la capacidad de resistencia, los valores éticos, las convicciones enraizadas y los sentimientos compartidos por las cubanas y cubanos de esta época. Los que no admitirían que al alma y al cuerpo de la República le trocearan la menor partícula y razón. Los que suscribieron, con el General de Ejército Raúl Castro, las palabras pronunciadas en el Informe Central al 8vo. Congreso del PCC: «La unidad de la inmensa mayoría de los cubanos en torno al Partido y la obra e ideales de la Revolución ha sido nuestra arma estratégica fundamental para enfrentar con éxito todo tipo de amenazas y agresiones». 

Tomado de Granma.

 

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