Como Cuba, sin flaquear frente al imperio.

Foto: Roberto Chile

CARACAS, Venezuela.–Surcaba el desierto de Mojave, al sur de baja California, en busca del «infierno», como le apodan a la lejana cárcel de Victorville. Allá estaba uno de los Cinco que, sin arrepentirse, sufrían inhumana venganza. Acá, la familia, la esposa, los hijos por concebir, los sueños de juventud…

Gerardo Hernández Nordelo, Giro o Giraldo para los servicios de la Seguridad del Estado cubano, purgaba dos cadenas perpetuas, más 15 años, sin haber cometido delito que justificara semejante severidad.

Estaba en Victorville, y hacia allá se dirigía el entonces jefe de la Sesión de intereses de Cuba en EE. UU., Dagoberto Rodríguez Barrera, hoy embajador en Venezuela. Salvo aquel «volverán», escuchado en junio de 2001, en una voz anunciadora de profecías, no le acompañaba ninguna otra certeza.

«Yo iba conmovido, preguntándome, más allá de las indicaciones, qué decirle, qué conversar con una persona que está en esa situación. Gerardo se percató y me hizo un chiste.

«El juicio de los Cinco fue en su momento el más largo en la historia de EE. UU. Tras ser condenados, con toda maldad los dispersaron por diferentes prisiones, en sitios remotos, para dificultar los contactos familiares y accesos consulares, debilitar a los compañeros y hacer que cedieran en su firmeza.

«Una cárcel en cualquier parte es el peor lugar, pero es más difícil en EE. UU., donde imperan la fuerza y la violencia de las bandas. Nuestros compañeros que, por supuesto, no iban a estar aliados a ninguna de ellas, lograron que esas estructuras criminales los respetaran. Fue algo extraordinario».

FIDEL: «LOS HIJOS DE CUBA», LA CAMPAÑA, LA SORPRESA

«Son nuestros héroes, los hijos de Cuba –insistía el Comandante–, el gobierno y el pueblo tienen que estar detrás de ellos, lograr que en la soledad de sus celdas se sientan acompañados.

«Se logró un apoyo internacional increíble para la liberación, a partir de las indicaciones y el permanente seguimiento de nuestro líder, que otra vez mostró ese humanismo tan suyo.

«Fue así como un día –17 de diciembre de 2014– amanecimos con la noticia: los Cinco estaban de regreso en la Patria. Nos desbordó la emoción, lloramos. Yo me encontraba en la embajada de Cuba en México; esa misma tarde me sorprendió Gerardo con una llamada. Me reencontré con ellos dos meses después.

«En esos hombres hay fibras de un pueblo decidido a vencer frente a su enemigo. Contra ellos usaron todo durante años, y ellos llevaron hasta las últimas consecuencias su decisión de defender a esta patria. Quien los mira comprende que contra Cuba nunca nadie podrá. Nada se compara con esa batalla que el mundo hizo suya por la liberación de cinco personas convertidas en símbolos de resistencia de la humanidad frente a la política imperialista.

Tomado de Granma.

 

 
 
 
 
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